
San Valentín suele llegar cargado de flores. Ramos grandes, pequeños, urgentes, de supermercado o de gasolinera. Flores que aparecen y desaparecen en un par de días.
Y no hay nada malo en regalar flores. Al contrario. Las flores acompañan momentos importantes de nuestras vidas: el amor, el agradecimiento, el duelo, la celebración, el simple hecho de decir “pienso en ti”.
Pero desde hace tiempo me ronda una pregunta: ¿de dónde vienen las flores que elegimos para San Valentín?
Vivimos en un mundo donde muchas decisiones parecen demasiado grandes para nosotros. Cambiar el sistema, cuidar el planeta, hacer las cosas de otra manera… puede parecer lejano. Pero el mundo no cambia solo con grandes gestos. Cambia, sobre todo, con decisiones pequeñas, repetidas y conscientes.
Como elegir:
– de dónde viene lo que compramos
– quién hay detrás de lo que consumimos
– qué ritmo queremos sostener
También cuando hablamos de flores de temporada para San Valentín.
¿Por qué elegir flores de temporada para San Valentín?
La mayoría de las flores que encontramos hoy han recorrido miles de kilómetros. Han crecido lejos, a menudo en condiciones que no vemos, para llegar puntuales a una fecha concreta. Perfectas. Iguales. Siempre disponibles.
En Flox Flower Farm hacemos justo lo contrario. Cultivamos flores al ritmo de las estaciones, sin químicos y sin prisas, aceptando que no siempre hay de todo ni siempre cuando lo querríamos.
Eso significa flores imperfectas, cambiantes, vivas. Flores que cuentan el momento del año en el que han crecido.
Este San Valentín no te propongo consumir más. Te propongo mirar diferente. Entender que un regalo no tiene que ser inmediato ni espectacular para tener sentido. Que el amor también se puede cuidar con constancia, semana a semana, con pequeños gestos que suman.
¿Qué es un CSA de flores de temporada?
Este año he abierto un CSA de flores de temporada: una forma de apoyar directamente la granja al inicio de la temporada y recibir flores a medida que el campo va produciendo.
Un compromiso a medio plazo.
Un regalo (o autorregalo) que no se agota el primer día.
Una manera concreta de formar parte del cuidado del lugar donde vivimos.
Quizás no podemos cambiarlo todo.
Pero sí podemos decidir qué flores nos acompañan cuando queremos decir “te quiero”, “gracias” o “aquí estoy”.
Y eso, aunque parezca pequeño, transforma.